Mostrando entradas con la etiqueta Cuerpo. Mostrar todas las entradas

¿QuĆ© relación hay entre la mano y el cerebro?


En el ser humano, el cerebro “piensa” y la mano “hace”. No ocurre de la misma manera en el resto de animales vertebrados. TambiĆ©n hay una diferencia representativa en el nombre: garra/ pezuƱa o mano.

Aunque habría personas que discutirían si los animales tienen o no pensamientos, lo que es menos discutible es que no representan pensamientos, es decir no los traducen en una creación que no sea estrictamente funcional como por ejemplo para alimentarse o crear sus nidos.

En la mano humana el dedo pulgar tiene la capacidad de diferenciarse de los otros cuatro dedos y permite asir con firmeza y finura los objetos . Esta característica singular permite una gran sutilidad para plasmar nuestras ideas y sentimientos a través de la creación con materiales y herramientas.

El alto grado de precisión y ductilidad de la mano no sólo estĆ” Ć­ntimamente relacionada con la capacidad de representar pensamientos sino tambiĆ©n con la posición erecta : la libertad de movimiento en las dos extremidades superiores, obtenida gracias a la posición erguida sobre las dos extremidades inferiores, permite alcanzar objetos y manipularlos a voluntad en un Ć”ngulo cercano a la vista. Un cuerpo bien equilibrado en esa posición facilita la coordinación óculo-manual y por tanto el buen desarrollo de habilidades como la escritura, la pintura, la mĆŗsica con instrumentos, y cualquier otra en la que se vea implicado el uso de la mano. Siempre que realizamos una actividad que implique la destreza manual, en realidad estĆ” implicado el equilibrio de toda nuestra estructura corporal y, por tanto,  de un mejor o peor uso global de la misma se derivarĆ” tambiĆ©n una mayor o menor capacidad de expresión de pensamientos y emociones, y sin duda, una mayor o menor salud integral.

Del punto inmovil nace la danza


Soltar el esfuerzo innecesario es descubrir que lo que "se hace sólo", es un espléndido sostén, aún y cuando suponga una previa caída transitoria, las mÔs de las veces vértigo falso y fugaz, delatador de las fuerzas no auténticas que nos sustentaban. Es la recuperación de la confianza en la bondad de nuestro "estar" y del contacto con nuestra existencia tal cual es.
Si nos entregamos y lo acompaƱamos, la vida, por sƭ, nos guƭa: de atrƔs hacia adelante, aliada con el tiempo, de dentro hacia afuera, aliada con el espacio y, de abajo hacia arriba, aliada con la fuerza de la gravedad.

Nutrirnos de momentos de entrega y sostén real es un drenaje de las "toxinas" acumuladas en forma de represión y negación de nuestra persona. Gotas de tinta en un lago claro. Entramos en contacto con la fuerza auténtica que pulsa dentro nuestro. Acompañandola, se abre con potencia todo el abanico de nuestras capacidades, la propia danza, madre nutridora de todas las danzas. El lago de colores.